
Últimamente me esfuerzo en desarrollar algún que otro súper poder. Tranquilos, aún no me he frustrado intentando que salgan telas de araña de mis muñecas ni tengo intención de saltar en caída libre desde ningún edificio esperando remontar el vuelo o levitar. La capa ni la nombro, Etna Moda me dejó bien claro los riesgos de ser un súper héroe con capa. Me refiero a otro tipo de súper poderes, otro tipo de habilidades. La habilidad de interpretar mis canciones, tocarlas y al mismo tiempo, aunque sea sólo durante unos segundos, observar e interpretar las miradas de quienes me escuchan, desgranar las expresiones, imaginar que estarán pensando y la historia que les lleva a estar esa noche frente a mi escuchándome en directo. Tengo historias muy bonitas, algunas me las contaron ellos mismos después del concierto en esos ratos que dedico a charlar con el público, otras la figuré yo solita en mi cabeza. Pero hoy quiero hablaros de esos grandes anónimos, “los arrastrados” a mis conciertos, que sin quererlo ni beberlo, de repente se ven entre “mis filas”.
La gira de primavera de La Cuenta Atrás deja un balance maravilloso de las cosas que verdaderamente me importan. Nos hemos subido toda la banda a muchos escenarios, hemos disfrutado como nunca y hemos hecho disfrutar a quienes nos eligieron y nos encargaron una noche distinta, una para recordar y olvidarse de los sin sabores. Muchas caras nuevas, gente de todas las edades, cada uno viviendo nuestros directos a su manera, pero sin duda lo más destacable es que he visto al público disfrutar, y eso es lo que me importa. El resto son sólo números, ya tocará hacer bien las matemáticas para que cuadren, y si no cuadran… pues no cuadran jajajaja y nos quedará la experiencia a unos y otros, en peores nos hemos visto y de peores hemos salido. Pero por ahora el balance sigue siendo positivísimo.
La Cuenta Atrás me ha dado la oportunidad de ampliar registros, ampliar público, ampliar la sonrisa en definitiva. Durante el perfeccionamiento de mi nuevo súper poder descubrí que soy capaz de diferenciar entre cientos de caras a aquellos que vienen arrastrados por el que desde un principio viene convencido y decidido a disfrutar de mi música. Son fáciles de identificar. Siempre se quedan una cuarta por detrás de quien acompañan, sus miradas van del escenario a la cara del compañer@, balbucean trozos de las letras (que se han aprendido por repetición casina en el coche del colega
jajajaja), se mueven tímidamente, y en sus ojos se puede ver el proceso de asimilación y de juicio en el que están decidiendo si les gusta o no lo que le gusta a quien acompañan.
Cuando los detecto me sonrío. Empiezo a usar mi súper poder jajaja, les miro, sonrío e intento decirles “no está tan mal verdad? Vamos muévete un poquito y déjate llevar”. Mi súper poder a veces no funciona fácilmente ni a la primera canción Ouch! jajaja es entonces cuando siento la responsabilidad de no defraudar a mis seguidores, esos que con toda la pasión y el cariño del mundo intentan ayudarme a mostrarle a más gente lo que trato de hacer sentir con mis canciones, y lo hacen con quienes más quieren, los arrastran a mis conciertos. No puedo defraudarles, tengo que demostrarles y darles argumentos para hacerles sentir que no se equivocan, que les estaré siempre agradecida, que el cariño llega y que son parte esencial de cada éxito que consigo en mi carrera, esa escalera de peldaños que llevamos subiendo de la mano más de 10 años ya.
Por eso soy feliz cuando detecto a los arrastrados entre mis filas, me motiva, me recuerda que cada día partimos de cero, que hay que dar razones cada vez, que no vale quedarse en el recuerdo de una gran noche, que la mejor está por venir. Algunos de ellos incluso se han quedado tras el concierto, como buenos arrastrados, acompañando hasta el momento del saludo post-concierto, haciendo un alarde de paciencia y empatía. Es entonces cuando me dirijo a ellos y les pregunto “A ti te han arrastrado verdad?
”, me devuelven la sonrisa y me regalan un “sí, pero la próxima vuelvo por voluntad propia, me ha encantado”. Es el momento en que cada esfuerzo cobra sentido, el momento en el que vuelves a sentir que merece la pena tomarse cada noche como la primera, es el momento en el que la mayoría de “los arrastrados” pasan a ser convencidos, y yo siento que subida a un escenario… la vida es perfecta para mí.
Este post se lo quiero dedicar a todos ellos. Aquellos que fueron arrastrados a mis conciertos. Porque por encima de acabar siendo “los convencidos” son la viva imagen de la amistad y el cariño, de aquellos que anteponen la felicidad de quienes quieren a la suya propia, que son capaces de todo por ver sonreír y disfrutar a quienes quieren. Eso es algo que no todo el mundo tiene y que honra a “MIS arrastrados convencidos”, son amigos de sus amigos, muy amigos. Gracias por la oportunidad, espero no haberla desaprovechado, y cuando menos haberos dado la sorpresa de hacéroslo pasar bien cuando tan sólo buscabais eso para otros.
Rotundamente agradecida.
V.









